septiembre 28, 2020

Yo jamás fui un niño - Fortunato Ramos

Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio,

mis espaldas anchas, mis músculos duros

mis manos partidas por el crudo frío

sólo ocho años tengo, pero no soy niño.


Detrás de mis ovejas ando por el cerro

y cargau mi leña bajo hasta mi puesto

a soplar el fuego, a mismiar mi soga,

y no tengo tiempo para ser un niño.


Los años caminan y todo es lo mismo,

moti, sal con lechi son mis caramelos,

mi juguete un chivo o el perro ovejero,

poco tiempo tengo, pero no soy un niño.


Mi avión de juguete es un cuervo viejo,

mi camión un burro de trotar muy lento,

mi amigo, es el zorro que roba mis cabras

y es todo mi consuelo de poder ser niño.


Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,

mis callos partidos por piedras del cerro,

mi poncho rotoso por el fuerte viento,

todo eso me dice, que no soy un niño.


¡Y no hay reyes magos,

no hay Días del Niño,

jamás tuve suerte

de poder ser niño!


Fortunato Ramos

Costumbres, poemas y regionalismos (2003)



No te rías de un colla

Fortunato Ramos


No te rías de un colla que bajó del cerro,

que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;

no te rías de un colla, si lo ves callado,

si lo ves zopenco, si lo ves dormido.


No te rías de un colla, si al cruzar la calle

lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,

asustao el runa como asno bien chúcaro,

poncho con sombrero, debajo del brazo.


No sobres al colla, si un día de sol

lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;

ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,

donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.


No te rías de un colla, si lo ves comiendo

su mote cocido, su carne de avío,

allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;

menos si lo ves coquiando por su Pachamama.


Él bajó del cerro a vender sus cueros,

a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;

y es tan precavido, que trajo su plata,

y hasta su comida, y no te pide nada.


No te rías de un colla que está en la frontera

pa'l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;

ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas

cuando alguien se atreva a violar la Patria.


No te burles de un colla, que si vas pa'l cerro,

te abrirá las puertas de su triste casa,

tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,

comerás un tulpo y a cambio de nada.


No te rías de un colla que busca el silencio,

que en medio de lajas cultiva sus habas

y allá, en las alturas, en donde no hay nada,

¡así sobrevive con su Pachamama!


Fortunato Ramos

Costumbres, poemas y regionalismos (2003)

agosto 30, 2018

Sebastian Iglesias Osores


Unidad catalana
Y nos convertimos en el luchador dorado
Ese que sale a las calles en busca de sus sueños
La fuerza nos golpea con su mazo fuerte,
Nos unimos y acomplejamos
Pero ahí seguimos...
El jefe sale al frente y hace ademanes
No sabemos pelear ni tampoco rendirnos
Nos disfrazamos del luchador dorado
Y recibimos los golpes en la humanidad
En la dicha de ser catalanes pobres
En la pobreza de la lucha y los sueños
Nos acorralan, pero somos una piedra que no se mueve
Soldados del sol vengan y únansenos 
Que nosotros somos la unidad hecha hombre

*****

Ciclón del norte

Quiero caminar por los áridos desiertos
Entre algarrobos y cortarramas

Voy por el norte, el norte de Perú
Buscando un lugar apacible
Las playas me llaman, pero el desierto atrae
Los vientos soplan entre mis cabellos
Y la tierra espera mi llegada
Ansioso el sol acecha 
Y cuando la tarde llama y el anochecer aclama
El viento se hace presente.



Autor: Sebastián Iglesias Osores (Lima, 1991). Vive en Chiclayo desde pequeño. Hace unos meses ocupó el Segundo Puesto, categoría 21 años, en los Juegos Florales Municipales 2013 organizado por la Municipalidad de Chiclayo. Los poemas que publicamos aquí son nuevos, no son con los que ganó, esos serán publicados en un libro. 
EXTRAIDO DE :
http://www.locheros.pe/post/id/249/poemas-sueltos

octubre 31, 2017

Inca Garcilaso de la Vega - De donde proviene el nombre Perú



Será muy justo que ante todo digamos aquí cómo se produjo el nombre Perú, no existiendo en el lenguaje de los indios. Para esto es preciso saber que habiendo descubierto el Mar del Sur (Océano Pacifico), Vasco Núñez de Balboa, caballero natural de Jerez de Badajoz, 1513, que fue el primer español que lo descubrió y vio, habiéndole dado por esta conquista los Reyes Católicos el título de Adelantado del Mar del Sur. Además de todo lo que conquistase y gobernase los reinos que descubriese en dicho mar. En los pocos años que, después de esta merced, vivió (hasta que su propio suegro, el gobernador Pedro Arias de Ávila, en lugar de las muchas mercedes que había merecido y le debía por sus hazañas, le cortó la cabeza) tuvo este caballero cuidado de descubrir y saber qué tierra era y cómo se llamaba la que corre de

octubre 28, 2017

Manuel González Prada - Discurso del Politeama

I
Señores:
Los que pisan el umbral de la vida se juntan hoy para dar una lección a los que se acercan a las puertas del sepulcro. La fiesta que presenciamos tiene mucho de patriotismo y algo de ironía; el niño quiere rescatar con el oro lo que el hombre no supo defender con el hierro.
Los viejos deben temblar ante los niños, porque la generación que se levanta es siempre acusadora y juez de la generación que desciende. De aquí, de estos grupos alegres y bulliciosos, saldrá el pensador austero y taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia.
Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna generación recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer.
En la orgía de la época independiente, vuestros antepasados bebieron el vino generoso y dejaron las heces. Siendo superiores a vuestros padres, tendréis derecho para escribir el bochornoso epitafio de una generación que se va, manchada con la guerra civil de medio siglo, con la quiebra fraudulenta y con la mutilación del territorio nacional.

octubre 26, 2017

Ciro Alegría - El César Vallejo que yo conocí

Corría el año 1917 y yo vivía con mis padres en una hacienda de la sierra del norte del Perú, situada exactamente en las últimas estribaciones andinas de la provincia de Huamachuco. Se llama Marcabal Grande y hasta esa hacienda llega ya, subiendo por el cañón abismal del río Marañón, el rescoldo cálido de la selva amazónica. Mi vida había sido la de un niño campesino, hijo de hacendados, a quien su padre enseña en el momento oportuno a leer y escribir pasablemente y las artes más necesarias de nadar, cabalgar, tirar al lazo y no asustarse frente a los largos caminos y las tormentas. Alternaba mis trajines por el campo -donde me placía de modo especial un paraje formado por cierto árbol grande y cierta piedra azul- con lecturas de Andersen, Las mil y una noches y otros libros maravillosos, entre ellos un grueso volumen del naturalista Raimondi sobre viajes y exploraciones de la selva que me parecía igualmente fantástico. Yo soñaba con ir a la selva, pero no como un sabio a estudiarla sino como un pionero. Conquistaría ese mundo poblado de árboles innumerables y de indios bravos.

A los siete años de edad, tales eran mis conocimientos y mis anhelos, pero mis padres abrigaban ideas más amplias sobre mi preparación y un día me anunciaron que debía ir a Trujillo, una lejana ciudad de la costa, a estudiar. En compañía de un hermano menor de mi padre, que pasó con nosotros sus vacaciones, hice el largo viaje. Ésos fueron para mí reveladores días en que trotamos a través de dos de las riscosas cadenas de los Andes, bajando muchas veces hasta valles cálidos ubicados en el fondo de las quebradas y los ríos y subiendo, otras tantas, hasta altos páramos rodeados de rocas contorsionadas. Vimos muchos pueblos y aldeas y nos golpearon frecuentemente los tenaces vientos y lluvias de marzo. Dado el fin de estas líneas, debo apuntar que estuvimos en la ciudad de Huamachuco, capital de nuestra provincia, y que saliendo de allí y al encaminarnos hacia una cordillera muy alta, se abrió el camino de la ciudad de Santiago de Chuco, capital de la provincia limítrofe, donde había nacido César Vallejo.