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octubre 25, 2017

Aristóteles - Magnanimidad

Ser magnánimo no es sólo estar dispuesto a perdonar y a olvidar con prontitud a quien nos ha ofendido. En este aspecto, la magnanimidad se opone al resentimiento que es fruto de la mezquindad y la impotencia envidiosa, pero esta cualidad del alma noble, rica, desbordante y poderosa es mucho más. En verdad, no se trata de una virtud entre otras, sino del estado de perfecta humanidad en el que se unifican todas las virtudes. Por decirlo con palabras de Aristóteles, es "la joya que corona toda excelencia y perfección, pues concede a cada uno la forma mayor y sin ella no existe. Por eso, es difícil realizar de verdad la grandeza del alma, pues para ello se presupone una formación totalmente noble y perfecta del carácter".
Aristóteles tiene gran cuidado en distinguir la magnanimidad de la megalomanía o de la ostentación, así como de la fanfarronería u orgullo sin fundamento, y precisa: "Hacerse valer ebtre los grandes es propio de un hombre bien nacido, mientras que sería una grosería hacerlo entre los humildes igual que dar muestras de su fuerza ante los débiles".

El "éxito" económico

En una sociedad donde la competencia económica es una "regla de juego" fundamental, el éxito tiene como primer ingrediente el triunfo económico.
El "triunfador" por excelencia es el que logra acumular riquezas, propiedades, dinero, todo aquel que es poderoso económicamente es rodeado de una halo; el halo mágico de los que tienen éxito. De este modo, el poder económico es valorado positivamente y el hecho que existe desigualdad entre los individuos es justificado.
Si hay ricos es porque se lo merecen. Si hay pobres es porque no merecen ser ricos.
El culto al triunfo económico sirve para justificar la desigualdad, pero para legitimizar la riqueza de unos cuantos, pero para legitimar la pobreza de los demás.
Un segundo ingrediente es el individualismo deshumanizante y con él fomenta otros vicios como el egoísmo, la avaricia, el acaparamiento, el hedonismo, etc.
"Ser alguien" es sinónimo de "ganar bien"
En resumen; el ser humano es cuantificable en dinero, por tanto, cuando más dinero gana o vale, mejor es, pues entonces es un triunfador, tiene éxito, es "alguien".

octubre 17, 2017

José Martí - Ensayo Nuestra América


Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.

No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que se enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás. No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol. Hay que cargar los barcos de esos insectos dañinos, que le roen el hueso a la patria que los nutre. Si son parisienses o madrileños, vayan al Prado, de faroles, o vayan a Tortoni, de sorbetes. ¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! Pues, ¿quién es el hombre?, ¿el que se queda con la madre, a curarle la enfermedad, o el que la pone a trabajar donde no la vean, y vive de su sustento en las tierras podridas, con el gusano de corbata, maldiciendo del seno que lo cargó, paseando el letrero de traidor en la espalda de la casaca de papel? ¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos! ¡Estos delicados, que son hombres y no quieren hacer el trabajo de hombres! Pues el Washington que les hizo esta tierra ¿se fue a vivir con los ingleses, a vivir con los ingleses en los años en que los veía venir contra su tierra propia? ¡Estos “increíbles” del honor, que lo arrastran por el suelo extranjero, como los increíbles de la Revolución francesa, danzando y relamiéndose, arrastraban las erres!

Ni ¿en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América, levantadas entre las masas mudas de indios, al ruido de pelea del libro con el cirial, sobre los brazos sangrientos de un centenar de apóstoles? De factores tan descompuestos, jamás, en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas. Cree el soberbio que la tierra fue hecha para servirle de pedestal, porque tiene la pluma fácil o la palabra de colores, y acusa de incapaz e irremediable a su república nativa, porque no le dan sus selvas nuevas modo continuo de ir por el mundo de gamonal famoso, guiando jacas de Persia y derramando champaña. La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia. Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza. El hombre natural es bueno, y acata y premia la inteligencia superior, mientras ésta no se vale de su sumisión para dañarle, o le ofende prescindiendo de él, que es cosa que no perdona el hombre natural, dispuesto a recobrar por la fuerza el respeto de quien le hiere la susceptibilidad o le perjudica el interés. Por esta conformidad con los elementos naturales desdeñados han subido los tiranos de América al poder; y han caído en cuanto les hicieron traición. Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

En pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con la mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno. La masa inculta es perezosa, y tímida en las cosas de la inteligencia, y quiere que la gobiernen bien; pero si el gobierno le lastima, se lo sacude y gobierna ella. ¿Cómo han de salir de las Universidades los gobernantes, si no hay Universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. En la carrera de la política habría de negarse la entrada a los que desconocen los rudimentos de la política. El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, en la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país. Conocerlos basta, sin vendas ni ambages: porque el que pone de lado, por voluntad u olvido, una parte de la verdad, cae a la larga por la verdad que le faltó, que crece en la negligencia, y derriba lo que se levanta sin ella. Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el hombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas. Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas.

Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la república en hombros de los indios. Un canónigo español, a la sombra de su capa, instruye en la libertad francesa a unos cuantos bachilleres magníficos, que ponen de jefe de Centro América contra España al general de España. Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el Norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas. Y como el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra; como al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden; como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos; como los poderes arrollados en la arremetida épica zapaban, con la cautela felina de la especie y el peso de lo real, el edificio que había izado, en las comarcas burdas y singulares de nuestra América mestiza, en los pueblos de pierna desnuda y casaca de París, la bandera de los pueblos nutridos de savia gobernante en la práctica continua de la razón y de la libertad; como la constitución jerárquica de las colonias resistía la organización democrática de la República, o las capitales de corbatín dejaban en el zaguán al campo de bota-de-potro, o los redentores bibliógenos no entendieron que la revolución que triunfó con el alma de la tierra, desatada a la voz del salvador, con el alma de la tierra había de gobernar, y no contra ella ni sin ella, entró a padecer América, y padece, de la fatiga de acomodación entre los elementos discordantes y hostiles que heredó de un colonizador despótico y avieso, y las ideas y formas importadas que han venido retardando, por su falta de realidad local, el gobierno lógico. El continente descoyuntado durante tres siglos por un mando que negaba el derecho del hombre al ejercicio de su razón, entró, desatendiendo o desoyendo a los ignorantes que lo habían ayudado a redimirse, en un gobierno que tenía por base la razón; la razón de todos en las cosas de todos, y no la razón universitaria de uno sobre la razón campestre de otros. El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu.

Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores. El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima. La colonia continuó viviendo en la república; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros -de la soberbia de las ciudades capitales, del triunfo ciego de los campesinos desdeñados, de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas, del desdén inicuo e impolítico de la raza aborigen- por la virtud superior, abonada con sangre necesaria, de la república que lucha contra la colonia. El tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos.

Pero “estos países se salvarán”, como anunció Rivadavia el argentino, el que pecó de finura en tiempos crudos; al machete no le va vaina de seda, ni en el país que se ganó con lanzón se puede echar el lanzón atrás, porque se enoja, y se pone en la puerta del Congreso de Iturbide “a que le hagan emperador al rubio”. Estos países se salvarán, porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.

Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo, nos daba vueltas alrededor, y se iba al monte, a la cumbre del monte, a bautizar a sus hijos. El negro, oteado, cantaba en la noche la música de su corazón, solo y desconocido, entre las olas y las fieras. El campesino, el creador, se revolvía, ciego de indignación, contra la ciudad desdeñosa, contra su criatura. Éramos charreteras y togas, en países que venían al mundo con la alpargata en los pies y la vincha en la cabeza. El genio hubiera estado en hermanar, con la caridad del corazón y con el atrevimiento de los fundadores, la vincha y la toga; en desestancar al indio; en ir haciendo lado al negro suficiente; en ajustar la libertad al cuerpo de los que se alzaron y vencieron por ella. Nos quedó el oidor, y el general, y el letrado, y el prebendado. La juventud angélica, como de los brazos de un pulpo, echaba al Cielo, para caer con gloria estéril, la cabeza coronada de nubes. El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego del triunfo, los bastones de oro. Ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban la clave del enigma hispanoamericano. Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. Cuando aparece en Cojímar un problema, no van a buscar la solución a Danzig. Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! Se entiende que las formas de gobierno de un país han de acomodarse a sus elementos naturales; que las ideas absolutas, para no caer por un yerro de forma, han de ponerse en formas relativas; que la libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; que si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república. El tigre de adentro se entra por la hendija, y el tigre de afuera. El general sujeta en la marcha la caballería al paso de los infantes. O si deja a la zaga a los infantes, le envuelve el enemigo la caballería. Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos! ¡Con el fuego del corazón deshelar la América coagulada! ¡Echar, bullendo y rebotando por las venas, la sangre natural del país! En pie, con los ojos alegres de los trabajadores, se saludan, de un pueblo a otro, los hombres nuevos americanos. Surgen los estadistas naturales del estudio directo de la Naturaleza. Leen para aplicar, pero no para copiar. Los economistas estudian la dificultad en sus orígenes. Los oradores empiezan a ser sobrios. Los dramaturgos traen los caracteres nativos a la escena. Las academias discuten temas viables. La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centelleante y cernida, va cargada de idea. Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio.

De todos sus peligros se va salvando América. Sobre algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras, por la ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar, con prisa loca y sublime, los siglos perdidos. Otras, olvidando que Juárez paseaba en un coche de mulas, ponen coche de viento y de cochero a una bomba de jabón; el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero. Otras acendran, con el espíritu épico de la independencia amenazada, el carácter viril. Otras crían, en la guerra rapaz contra el vecino, la soldadesca que puede devorarlas. Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña. Y como los pueblos viriles, que se han hecho de sí propios, con la escopeta y la ley, aman, y sólo aman, a los pueblos viriles; como la hora del desenfreno y la ambición, de que acaso se libre, por el predominio de lo más puro de su sangre, la América del Norte, o el que pudieran lanzarla sus masas vengativas y sórdidas, la tradición de conquista y el interés de un caudillo hábil, no está tan cercana aún a los ojos del más espantadizo, que no dé tiempo a la prueba de altivez, continua y discreta, con que se la pudiera encarar y desviarla; como su decoro de república pone a la América del Norte, ante los pueblos atentos del Universo, un freno que no le ha de quitar la provocación pueril o la arrogancia ostentosa, o la discordia parricida de nuestra América, el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por ignorancia llegaría, tal vez, a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y desconfiar de lo peor de él. Hay que dar ocasión a lo mejor para que se revele y prevalezca sobre lo peor. Si no, lo peor prevalece. Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.

No hay odio de razas, porque no hay razas. Los pensadores canijos, los pensadores de lámparas, enhebran y recalientan las razas de librería, que el viajero justo y el observador cordial buscan en vano en la justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victorioso y el apetito turbulento, la identidad universal del hombre. El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas. Pero en el amasijo de los pueblos se condensan, en la cercanía de otros pueblos diversos, caracteres peculiares y activos, de ideas y de hábitos, de ensanche y adquisición, de vanidad y de avaricia, que del estado latente de preocupaciones nacionales pudieran, en un período de desorden interno o de precipitación del carácter acumulado del país, trocarse en amenaza grave para las tierras vecinas, aisladas y débiles, que el país fuerte declara perecederas e inferiores. Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente, porque no habla nuestro idioma, ni ve la casa como nosotros la vemos, ni se nos parece en sus lacras políticas, que son diferentes de las nuestras; ni tiene en mucho a los hombres biliosos y trigueños, ni mira caritativo, desde su eminencia aún mal segura, a los que, con menos favor de la historia, suben a tramos heroicos la vía de las repúblicas; ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental. ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Zemí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva!

-La Revista Ilustrada de Nueva York – 10 de enero de l891
-El partido liberal – México – 30 de enero de 1891

Colegio San José de Chiclayo - Karl Weiss Schreiber

Con la conmemoración de los 150 años del Glorioso Colegio San José, alma mater de Lambayeque se hicieron diversas ceremonias y entre ellas la de trasladar los restos del insigne director Karl Weiss Schreiber el cual es hito en nuestro colegio por muchas razones, los restos fueron trasladados al colegio en donde tiene un lugar especial para su entierro, un mausoleo, como el lo quiso, descansar en su colegio.




octubre 15, 2017

Manuel González Prada - Librepensamiento de acción (discurso)

Señores:
Doy las más sinceras gracias a los miembros de la Liga por haberme brindado su tribuna, a mí que no formo parte de esa corporación llamada a trazar hondos surcos en nuestra vida social.
Diré algo del librepensamiento silencioso, del hablado y señaladamente del que produce mejores frutos -el de acción, en su concepto más amplio.
I
La libertad de pensar en silencio no se discute, se consigna. Como nadie trepana la bóveda de nuestro cráneo para escudriñar la fermentación de las ideas, hablamos con nosotros mismos sin que nuestras voces interiores vayan a resonar en tímpanos ajenos ni a grabarse en cilindros fonográficos. Lejos de inquisidores y tiranos, poseemos un asilo inviolable donde rendimos culto a los dioses que nos place, donde erigimos un trono para los buenos o un patíbulo para los malos.
Ese librepensamiento no sirve de mucho en los combates de la vida, y el hombre que le ejerce no pasa de un filósofo egoísta, infecundo, en una palabra, neutro. ¿Qué vale condenar en el fuero interno las supersticiones, si a la faz del mundo las aprobamos tácitamente? ¿De qué aprovecha estrangular imaginariamente a los criminales, si realmente les tendemos la mano de amigo? ¿Qué bien reportan a la Humanidad los sabios que se emparedan en su yo, sin comunicar a nadie la sabiduría? Linternas cerradas, alumbran por dentro.

Nietzsche - Así habló Zarathustra

Voy a hablaros de las tres transformaciones del espíritu: de cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león, y finalmente el león en niño.
Muchas cargas soporta el espíritu cuando está poseido de reverencia, el espíritu vigoroso y sufrido...Todas esas pesadísimas cargas toma sobre si el espíritu sufrido; a semejanza del camello, que camina cansado por el desierto, así marcha él hacia su desierto. Pero en lo más solitario de ese desierto se opera la segunda transformación: en león se transforma el espíritu, que quiere conquistar su propia libertad, y ser señor de su propio desierto...El tu debes, le sale al paso como un animal escamoso y refulgente en oro, y en cada una de sus escamas brilla con letras doradas el tú debes....Mas ahora decidme, hermanos míos: ¿que es capaz de hacer el niño, que ni siquiera el león haya podido hacer? ¿Para qué, pues, habría de convertirse en niño el león carnicero?....Tres transformaciones del espiritu os he mencionado: os he mostrado cómo el espiritu se transforma en camello, luego el camello en león, y finalmente el león en niño.

Noam Chomsky - 10 Estrategias de Manipulación Mediática

•1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

noviembre 23, 2014

Heraclito

Me he investigado a mí mismo", dice Heráclito de Éfeso, antiguo filósofo griego. Cuando sus contemporáneos buscaban en la naturaleza el principio del universo, Heráclito, anticipando lo que había de ser tan característico de Sócrates el ateniense, llama la atención hacia el conocimiento de sí mismo. No está fuera del hombre la solución de los enigmas, el hallazgo de lo que es, el descubrimiento del principio de todo. El hombre de alma bárbara, el sordo, el ausente, el de la vida inauténtica, es el que huye de sí mismo. 
Sobriamente Heráclito nos hace saber "me he investigado a mí mismo". Sócrates, de sabio sin palabrería, sin teorizaciones ("sólo sé que nada sé", dice), llega incluso a formular lo mismo a modo de indicación, de directiva: "Conócete a ti mismo".

octubre 25, 2014

No digas

No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno.
No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos.

Sebastian Iglesias

octubre 02, 2014

Sueños y Felicidad

Me decís tu que los sueños de la humanidad son los clamores de la mente por la bondad y la alegría, es eso que necesita luchar por salir de la mente del cuerpo, entera y decidida a hacer algo, es algo que la mente solo deja salir y que solo se da en los momentos, la felicidad por los grandes sueños y decir que se puede hacer algo, eso es la gran dicha del ser, es el decidió que Dios envió para con nosotros.


Sebastian Iglesias

septiembre 09, 2011

Escritos

nuevos escritos que piensan
ellos piensan y andan por ahí
sin mi permiso se mueven
hacen cosillas y travesurillas

les digo pero no hacen caso
bailan por los caminos
y fastidian como niños
ellos se convirtieron en eso

juguetean en la planicie
en el pasto tal núbil
reconociendo formas redondeadas


en la senda de mi sentir te espero
rotos están los pensamientos
estas presente en las melancolías
que nunca volverán a ser realidad

nunca te voltees a ver el pasado
sigue mirando al horizonte
sin dudar camina, y sigue adelante

mis ojos no te ven y mis palabras están atrapadas en el silencio
siento ver el futuro pero no tengo ojos en el presente

Sebastian Iglesias



La belleza



La belleza es algo que no puedo comprender, mi mente se nubla al hablar de ella o en realidad mis sentidos se excitan y subliman demasiado que no puedo apreciar la realidad, o puede que se bloqueen mis sentidos y entre a tachar mi subconsciente en este juego de emociones, yo no estoy seguro de lo que pasa, porque vuelo entre las definiciones y los ejemplos, sin detenerme en ninguno a aguardar cual es el correcto, o quien es el que se presentará.

marzo 30, 2011

Equipo

El jugar en equipo es algo que no se da si las personas no traen un sentimiento en común el cual los una y por el cual luchen,un sueño en común o tal vez un origen igual, lo importante es a donde se quiere llegar, las metas y misiones que se tienen, esto es muy importante ya que sin esto no podremos llegar a cumplir algo que queremos, el valor del animo es muy importante ya que es el navega océanos o camina continentes, sin esto tan vital como el oxígeno para el cuerpo, no llegaríamos a nada. EL equipo debe consolidarse en un bloque comparto y fuerte, tomando estructuras horizontales y sostenibles, solo así podremos llegar a la consolidación de nuestros ideales y demás.


Sebastian Iglesias 

marzo 10, 2011

Las desventajas de ser pobre



Graffiti Rosario - Ser pobre no es delito

Las desventajas de ser pobre

Yo vi sufrir gente por no tener dinero, no tener abolengo extranjero. Los pobres siempre últimos, lo peor para ellos, nadie los respeta ni los hace respetar, siempre lo peor  para ellos, ellos tampoco por ser ignorantes privados de la educación, porque es más fácil gobernar un pueblo ignorante para la farsante politiquería barata.
He visto morir y sufrir a personas por la falta de ayuda, la gente adinerada cree falsamente en que la personas  humildes son animales que se contentan con poco y viven con mucho menos y  no son exigentes, pero como van a ser exigentes sin nuca tuvieron algo mejor, como ellos son muy dóciles nadie les presta la debida atención; pero llegara el día en el que el pueblo se levantará…
Si uno es pobre es ignorado por los demás, no cuenta o simplemente no cuenta, eso es, nadie lo mira bien o lo mira con desprecio, creyéndose mejores los otros.
Si uno es pobre no tiene voz ni voto, es un fantasma que esta vagando por los lugares sin hablar.
Esto se debe a la falta de educación, es por eso que el país no progresa, los políticos son una tira de mentirosos que enriquecen a causa del pueblo, dicen ser los padres de patria, pero yo creo que son los zánganos del país.
El pobre es el antónimo del adinerado, cualquier cosa que haga es catalogada como daño.
El por vivir es un lugar humilde es considerado mal, por ser falto de cultura es considerado un animalito de carga. Pero ese no es culpa del pobre sino del gobierno que no les dio la debida educación, pero ellos quieren superarse, pero la maldita sociedad no los deja explayarse en este país, por la maldita discriminación.
“La lucha del débil con el poderoso es interminable”



Sebastian Iglesias 

febrero 27, 2011

El éxito en el tiempo

Hoy me di cuenta que debo encontrarme conmigo mismo, con las sensaciones i sentimientos. El éxito no es el reconocimiento de los demás hacia ti, sino el verdadero éxito es el que te sientas orgulloso por lo que haces, sientes o piensas. Esto es un conjunto, una manera de expresar las ideas hacia los demás, con los hechos que impacten y que quede como recuerdo, yo pienso que los recuerdos siempre son cosas que nos han impactado en su momento y perduran en el tiempo en nuestra mente por lo cual se han quedado grabados en el tiempo. Eso es lo que recordaremos en el futuro; el verdadero éxito es sentirse bien consigo mismo, el saber que lo que se hace esta bien pero siempre dentro de los buenos preceptos, ustedes dirán a que le llamo buenos preceptos, pero son las normas que Dios nos ha dado para vivir y no caer en desgracia, aunque muy pocos las cumplimos, pero ahí esta el verdadero sentido del éxito. EL CUMPLIR ESAS NORMAS.


Sebastian Iglesias 

Discurso

Hoy hermanos míos es tiempo de cambiar el pasado, tomar por las riendas el problema que nos aqueja todo el tiempo, este problema que carcome nuestras almas y nos nubla la visión. Hacia el futuro, dar un nuevo rumbo al país en este incesante grupo de fracasos y pérdidas.

Es hora de cumplir nuestros deberes e incentivar el cambio dentro de nosotros, llego la hora de hacer lo imposible, lo nunca antes hecho, romper los paradigmas ortodoxos y las doctrinas obsoletas, levantarnos del fondo, pisar fuerte y mirar el cielo con el puño arriba, caminar a paso firme y lento, asumiendo responsabilidades y preparándonos para el último y gran golpe de nuestros tiempos. Preparación es la clave  de este proyecto, recuperar nuestras posesiones y dejarnos de ser explotados, que nuestro trabajo no sea para enriquecer a otros, estas manos nuestras pueden mucho más que otras y así lo lograremos. El tiempo es otro. Sólo buena cara a mal tiempo y esfuerzo al máximo.¡ Eso es señores! …

enero 28, 2011

Confirmaciones obtusas


Todos piensan, todos dicen, todos hacen, las cosas de la vida congeniada en una sola cosa hecha y contemplada en una sola cosa, el sentimiento roto por los prejuicios y ellos mismos, los sentimientos preciados y a la vez rotos por todos, es algo que se siente muy dentro del alma, haciendo un agujero profundo y marcando la piel profundas llagas de soledad y desamor, entre los poblados más lejanos, al que el hombre no llega a destino, sino pisando fuerte y un viento a favor, eso es diría mi señor, pero como no lo tengo lo imagino desde que tengo uso de razón, no me dice nada, sólo me imagino de cómo será, pero no lo conozco, todos dicen, todos hablan de los prejuicios que causan, pero uno califica de malvado algo que no conoce ni sabe de que se trata, son simplemente llamados los achaques de la emoción dadas por una fórmula que todo el mundo conoce, la indiferencia es una sola y todos conocen la fórmula con la que se hace, pero nadie se da cuenta de para qué sirve, pero esperar a que algo mejore.





Sebastian Iglesias

enero 01, 2011

¿Por qué destruimos?

                          
Desde los tiempos muy antiguos el hombre ha buscado Formas de satisfacer ese morbo animal e instintivo con el fuimos evolucionando hasta convertirnos en la especie dominante que hoy somos.Destruimos porque es nuestra naturaleza, a fin de cuentas somos unos animales pero racionales, en cierto modo somos instintivos, destruimos por el placer que nos causa, porque somos sadomasoquistas, destruimos porque es más fácil destruir que construir, es una forma de vida animal instintiva, comparémoslo con el metabolismo biológico, se deben romper moléculas para obtener energía y así construir otras que nos van a servir, pero este es un caso sui generis de propio de la vida.Si vamos un poco más profundo dentro de nuestro subconsciente está ese instintivo animal de ataque y destrucción que se activa así por así, sin necesidad quizá de avisar y sin razón alguna, a fin de cuentas somos unos animales racionales y para destruir no necesitamos energía pero para construir sí necesitamos de energía. Todo concurre en un solo hecho capaz de desencadenar los más horrendos sucesos que algún día se describirán.


Sebastian Iglesias

noviembre 05, 2010

¿Por qué destruimos?


Desde los tiempos muy antiguos el hombre ha buscado formas de satisfacer ese morbo animal e instintivo con el fuimos evolucionando hasta convertirnos en la especie dominante que hoy somos. Destruimos porque es nuestra naturaleza, a fin de cuentas somos unos animales pero racionales, en cierto modo somos instintivos, destruimos por el placer que nos causa, porque somos sadomasoquistas, destruimos porque es más fácil destruir que construir, es una forma de vida animal instintiva, comparémoslo con el metabolismo biológico, se deben romper moléculas para obtener energía y así construir otras que nos van a servir, pero este es un caso sui generis de propio de la vida. Si vamos un poco más profundo dentro de nuestro subconsciente está ese instinto animal de ataque y destrucción que se activa así por así, sin necesidad quizá de avisar y sin razón alguna, a fin de cuentas somos unos animales racionales y para destruir no necesitamos energía pero para construir sí necesitamos de energía. Todo concurre en un solo hecho capaz de desencadenar los más horrendos sucesos que algún día se describirán.


Sebastian Iglesias 

abril 13, 2010

Modernidad social

Yo diría que la sociedad ha ido avanzando para aumentar el morbo inconsciente que todos tenemos y ha ido evolucionando cada día más, para ir maltratando nos los unos a los otros cada vez más, usando nuestro ingenio para el mal social, al ir creciendo y teniendo otra perspectiva de la vida, la vida junto a la sociedad van teniendo una visión tétrica de la realidad soñada por muchos.



"La realidad difusa en la que me encuentro no me gusta, cada vez me atrae más y más, hasta que me atrapa entre sus redes y no puedo salir, intento pero es demasiado tarde".


abril 11, 2010

Cambio de cosas


Cuándo cambiarán las cosas hechas por el hombre y volverán a su estado original?, al estado en el que Dios las creó, cuándo nos libraremos de los prejuicios e inmoralidades, de los bajos instintos y que la línea negra de nuestros cuerpos desaparezca, como por arte del destino, cuándo seremos todos una hermandad sin violencia y desamor, juntos por siempre, pero supongo que todo esto es un mentiroso sueño que nunca se dará, y estará sólo presente en las mentes de nosotros, sin llegar a ver la luz del mundo, enclaustrado en la prisión de tu cabeza. Las cosas puras deben prevalecer sobre todas las otras, cuál Odiseo buscando su Ítaca en el mar de tus sueños y el cielo de tus euforias.