Pero la virtud es para mí como la providencia: una necesidad desconocida, un poder misterioso que concibo y desconozco. Entre los hombres la he buscado en vano. He visto qua el fuerte oprimía al débil, que el sabio engañaba al ignorante y que el rico despreciaba al pobre. No pude encontrar entre los hombres la gran armonía que Dios ha establecido en la naturaleza.Nunca he podido comprender estas cosas, por más que se les he preguntado al sol, a la luna y a las estrellas, y a los vientos bramadores del huracán, y a las suaves brisas de la noche. Las densas nubes de mi ignorancia cubrían a pesar mío los destellos de mi inteligencia, y al preguntaros ahora si debéis a la virtud vuestra fortaleza se me ocurre una nueva duda, y me pregunto a mí mismo si la virtud no es la fortaleza, y si la fortaleza no es el orgullo.
G. de Avellaneda
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