Son las dos de la mañana, me levanto y miro por la ventana los postes de luz que están encendidos y su luz irradia las anchas pistas y las angostas veredas; los autos pasan cual grupo de hormigas a su nido volviendo, tocando una estrepitosa sinfonía de cláxones sobre la calle, uno que otro transeúnte maltrecho pasa por las calles pidiendo que no lo asalten o quizás sorteando y sin saber sobre los peligros.
La calle descansa en silencio tétrico y engañador, porque no sabes lo que te puede pasar, pero me da miedo esa tranquilidad engañosa y me voy a dormir con un millón de cosas pasando por mi cabeza, imaginándome lo que puede pasar en ella.
Murmurando o hablando en un idioma desconocido con los ojos perdidos y las manos en el aire.
Sebastian Iglesias
La calle descansa en silencio tétrico y engañador, porque no sabes lo que te puede pasar, pero me da miedo esa tranquilidad engañosa y me voy a dormir con un millón de cosas pasando por mi cabeza, imaginándome lo que puede pasar en ella.
Murmurando o hablando en un idioma desconocido con los ojos perdidos y las manos en el aire.
Sebastian Iglesias
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