octubre 25, 2017

Aristóteles - Magnanimidad

Ser magnánimo no es sólo estar dispuesto a perdonar y a olvidar con prontitud a quien nos ha ofendido. En este aspecto, la magnanimidad se opone al resentimiento que es fruto de la mezquindad y la impotencia envidiosa, pero esta cualidad del alma noble, rica, desbordante y poderosa es mucho más. En verdad, no se trata de una virtud entre otras, sino del estado de perfecta humanidad en el que se unifican todas las virtudes. Por decirlo con palabras de Aristóteles, es "la joya que corona toda excelencia y perfección, pues concede a cada uno la forma mayor y sin ella no existe. Por eso, es difícil realizar de verdad la grandeza del alma, pues para ello se presupone una formación totalmente noble y perfecta del carácter".
Aristóteles tiene gran cuidado en distinguir la magnanimidad de la megalomanía o de la ostentación, así como de la fanfarronería u orgullo sin fundamento, y precisa: "Hacerse valer ebtre los grandes es propio de un hombre bien nacido, mientras que sería una grosería hacerlo entre los humildes igual que dar muestras de su fuerza ante los débiles".

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